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El Adorno de los Abdâls
En el
Nombre de Allâh, El más lleno de Gracia, El más misericordioso.
Alabado sea Allâh, que nos inspira y nos ha enseñado lo que no
sabíamos, ¡Él nos ha otorgado un inmenso favor!” Que Allâh bendiga y
dé su recompensa al Profeta Muhammad, que recibió en la estación
Suprema “Todas las Palabras”.
En la
noche del lunes 22 del mes de Jumâdâ-l-Ulâl [aproximadamente
mediados de septiembre] del año 599, me encontraba cumpliendo la
etapa de El-Mayah, en Taif [localidad a 75 millas al sudeste de la
Meca]. Con ocasión de la peregrinación que habíamos realizado a la
tumba de Abdalah Ibn Abbâs, primo del Profeta, mis dos compañeros
Abu Muhammad Badr ibn Abdalah al-Habashi y Abu Abdalah Muhammad ben
Khâlid es-Sadafi at-Tilimsâni —que Allâh les sea propicio a los
dos—, me rogaron que redactara para ellos alguna enseñanza de
provecho en la vía hacia la vida futura.
Después de
pedir ayuda a Allâh para realizar este trabajo, escribí el presente
texto, al que titulé “El adorno de los Abdal y sus manifestaciones
en el conocimiento de los estados espirituales” para que este sea
útil tanto a mis compañeros como a otros buscadores de la Verdad.
Este breve tratado incluye las diferentes formas de la voluntad
espiritual. Para todo esto pido apoyo y ayuda al Existenciador del
Universo.
Has de
saber que la Autoridad (al-hukm) es fruto de la sabiduría (al-hikma)
y que la Ciencia (al-‘ ilm) es fruto del conocimiento (al-ma’rifa).
Aquel que no tiene sabiduría, no tiene Autoridad, y aquel que no
posee conocimiento, no tiene Ciencia. El que detiene a la vez
Autoridad y Ciencia se constituye “para Allâh”, y el que posee
sabiduría y conocimiento existe “por Allâh”: las gentes de Autoridad
y Ciencia son “lâmiyyûn” (tienen por emblema la letra lâm); y los
sabios conocedores son “bâ’ iyyûn” (tienen como emblema la letra bâ’)
Mientras el asceta se complace en renunciar al mundo, “ el que
confía en Allâh” descansa enteramente en su Señor.
En tanto
el discípulo (murid) se sumerge en cantos espirituales y en
entusiasmo aniquilador, el adorador se entrega totalmente a su
devoción y continuos esfuerzos de auto superación. Mientras el sabio
conocedor ejerce la fuerza de su espíritu y se concentra sobre su
meta, los que están investidos de Autoridad y poseen la Ciencia
quedan ocultos en lo invisible y no los percibe ni el “conocedor”,
ni el “buscador”, ni el “adorador”, ni tampoco los ve el “confiado a
Allâh”, ni el “asceta”.
El asceta
renuncia al mundo para obtener su precio; el que confía, se pone en
las Manos de su Señor para alcanzar su meta; el discípulo trabaja
con entusiasmo para abolir su pena; el adorador pone su celo en la
esperanza de acceder a la “ proximidad”; el conocedor tiene sus
miras en la “llegada”; ¡pero la Verdad sólo se revela a aquel que ha
borrado su propia huella, y pierde hasta su nombre!
El
Conocimiento es un velo sobre lo Conocido, y la sabiduría una puerta
ante la cual todos se paran. Igualmente todos los otros modos
espirituales, son instrumentos, como lo son las letras vocales, ya
que si los tomas como un fin en si mismos, cegaran tu mirada, y
apagaran tus luces. Ten en cuenta que si no existiesen los Nombres,
el Nombrado aparecería; si no existiese el amor, la Unión
persistiría; si no estuviesen las diferentes etapas del Camino,
todos los grados serian conquistados; si no estuviera el Si supremo
(Huwiyya), aparecería el Yo supremo (Anniyya); Si no hubiese Huwa,
Él, habría Anâ, Yo; si no estuviera Anta, Tú, se vería la marca de
la ignorancia; Si no estuviese la comprensión ordinaria, se
afirmaría el poder de la Ciencia Pura, ¡entonces las tinieblas
serian abolidas y todas esas pesadas bestias despegarían como
imponderables pájaros hacia las exigüidades de la extinción!
A tu
corazón, Él se revela. Él que siempre ha morado en el inescrutable
misterio. Pero eras tú mismo el velo sobre tu ojo, Aunque eso fuese
por virtud de tu similitud divina. Entonces, el corazón ve Aquel que
nunca ha cesado en Su llamada hacia Él. Así vino un Propósito,
encerrando toda Palabra, y su gloria fue manifestada por el Enviado
de la Región Suprema.
En el año
585 en Marchena, en la región de Andalucía, teníamos un compañero,
de entre los hombres santos, de nombre Abdul-Mâjîd ben Selmah, que
se ocupaba de enseñar el Corán. Era un excelente jurista que sabia
de memoria el Corán y los Hadices, hombre de piedad y mérito que
siempre estaba al servicio de los fuqarâ, que Allâh le sea propicio.
Me contó lo que le ocurrió en una ocasión: “ Una noche, me dijo,
mientras me encontraba en la habitación donde habitualmente hacia
mis plegarias, al terminar estas me incliné invocando el Nombre de
Allâh. Noté de improvisto, que una persona retiraba la tela sobre la
que rezaba y la reemplazaba por una gruesa estera. Luego me dijo:
¡Haz tus plegarias sobre esta estera! Yo había cerrado con llave la
puerta de la habitación, y me encontraba solo. El miedo se apodero
de mí. Aquel hombre me dijo: “El que vive en la intimidad de Allâh
no se asusta -y añadió- pero témeLe en todos los estados”. Tuve
entonces una inspiración, y le pregunté: “¡Oh, Sîdî! , ¿Por qué
medios llegan los Abdâl a ser Abdâl?”, y él me respondió”: Por los
cuatro medios que ha mencionado Abú Tâlib (al-Makkî) en su libro ‘El
Alimento de los Corazones’: Por el silencio, la soledad, el hambre y
la vigilia. Después de esto este hombre desapareció, sin que yo
supiese por donde, ya que la puerta estuvo todo el tiempo cerrada.
Sin embargo, la estera que me había traído estaba debajo de mí”.
Ese hombre
era uno de los Abdâl. Su nombre es Mu’âdh Ibn Ashras -que Allâh este
satisfecho con él-. Las cuatro cosas que mencionó son los pilares y
los soportes de esta noble vía. El que no se apoya en ellas, y por
ellas no obtiene la estabilidad, yerra en la vía de Allâh. ¡Que
Allâh sea exaltado! Nuestro propósito en estas páginas, es
introducirnos en el conocimiento de cada una de estas etapas,
dedicándole a cada una de ellas una sección, y exponer las ideas y
estados espirituales que comportan. ¡Que Allâh nos ponga a ustedes y
a mí, entre los que siempre las practican y las realizan. Él tiene
todo el poder para esto!
El
silencio de la lengua es una característica común de todos los
hombres espirituales, y de todos los Maestros de la Vía. El silencio
del corazón es distintivo de “ los que están cerca”, que son gentes
contemplativas. El estado (hâl) que el silencio otorga a los sâlikûn,
les preserva de dificultades, y el estado de “los que están cerca”,
es el conversar en la familiaridad señorial. Aquel que observa el
silencio en todos los estados y sus formas, conversa solamente con
su Señor; aunque es evidente que es imposible un silencio absoluto
para el hombre y su alma. No obstante, si él se desliga de las
conversaciones con los demás, y se interioriza con su Señor, él se
vuelve “confidente de su Señor”, y cuando habla lo hace con
justicia, porque habla según “Allâh”, como se puede ver en lo que
Allâh dice refiriéndose a su Profeta: “Ni habla movido por el deseo”
(Corán 53,3).
La palabra
correcta es fruto del silencio. La palabra “con otro que Allâh”, es
una falta en todos los casos. La palabra “de otra manera que por
Allâh”, es un daño visto desde todos los ángulos. Allâh dice:
“Muchas de sus conversaciones secretas no encierran ningún bien.
Pero no es así quien manda dar con generosidad, actuar según lo
reconocido o reconciliar a los hombres.” (Corán 4,114). También
dice: “Pero no se les ordenó sino que sirvieran a Allâh, rindiéndole
culto sincero” (Corán 98,5). Por el estado de silencio se llega al
maqâm de la Revelación, con sus diferentes formas. El silencio
produce el “conocimiento de Allâh”.
La soledad
es un medio para asegurar el silencio de la lengua; es evidente que
el que se aleja de los hombres y no tiene con quien conversar, de
forma natural es llevado a renunciar a las palabras. La soledad es
de dos clases: la del aspirante, que consiste en evitar mezclarse
con los demás, y la de los conocedores, que estriba en el hecho de
evitar interiormente el apego a las cosas creadas. En el corazón de
estos últimos no hay sitio que no sea para la Ciencia de Allâh, que
constituye el Testimonio de la Verdad, resultado de la práctica de
la contemplación que reside en el corazón.
Existen
tres móviles espirituales para aquellos que practican el
aislamiento:
a) Miedo
del daño que puedan recibir de los hombres.
b) Miedo
de hacer daño a los demás. Esto es más valioso que el motivo
anterior, porque en el primero uno piensa mal de los otros, y en
este segundo caso, la mala opinión recae sobre uno mismo, ya que te
conoces mejor.
c) La
necesidad de estar permanentemente en compañía del Maestro. El
hombre superior huye de sí mismo, para obtener la presencia de su
señor. El que prefiere la soledad a frecuentar a los demás, antepone
a su señor, y nadie sabe de qué dones y secretos Allâh le beneficia.
La soledad
es experimentada cuando el corazón se retira de las cosas creadas, y
está en intimidad con Él, que fue la causa del deseo de soledad. La
soledad por ella misma, cumple al mismo tiempo con la condición de
silencio, entendiendo, claro esta, el silencio de la lengua. En
cuanto al silencio del corazón, el aislamiento no lo consigue
forzosamente, porque se puede dialogar de otra manera que “por Allâh”,
y con “otro que Allâh”. Por esto hemos considerado el silencio, en
su conjunto, como regla independiente en la Vía. El que se adhiere a
la soledad, descubre el ‘secreto de la Unidad Divina y, más
específicamente el conocimiento de los secretos de la Unidad, en el
aspecto de cualidad.
El hâl
propio de la soledad consiste en el desprendimiento de atributos,
tanto para el adepto como para el que ya tiene la realización. El
modo más alto de soledad es el retiro, que consiste en el
aislamiento dentro del aislamiento. Por esto sus frutos son más
valiosos que en el aislamiento ordinario. El que practica la soledad
tiene que tener certeza en Allâh, para que ningún pensamiento le
desviara de su meta. Si le falta esta certeza, que prepare por
adelantado su fuerza, a fin de ser ayudado en su certeza, por todo
lo que se le desvelará en su soledad. Esto es fundamental e
indispensable y una de las reglas que condiciona la práctica del
aislamiento. La soledad procura “el conocimiento del Mundo”.
El hambre
es la tercera regla fundamental en esta vía divina. Ella atrae la
cuarta regla que es la vigilia; al igual que la soledad comporta el
silencio. El hambre puede ser de iniciativa libre: es el hambre de
los sâlikûm. El hambre puede ser también debido a una fuerza mayor;
este es el hambre de los muhaqqiqûn. El motivo es que el ser
realizado no se impone a sí mismo una dieta nutricional, sino que de
una manera natural su dieta disminuye, al entrar en contacto con la
Divina Intimidad. Si por el contrario se encuentra en la condición
de Temor Reverencial, producido en su corazón por la contemplación
de la Majestad Divina, resultado de la Belleza Pura, entonces, este
ser realizado siente la necesidad de ingerir mucha comida. Este
aumento por parte de los muhâqqiqûn, es un signo seguro de la fuerza
con que las luces de la verdad se abalanzan sobre sus corazones,
como efecto de la Inmensidad que han descubierto en su Contemplado.
También,
bajo otra perspectiva, la reducción de comida significa para ellos,
una prueba certera de las relaciones de intimidad que tiene con su
Contemplado.
En los
sâlikûn, el aumento en la cantidad de comida es signo evidente de su
alejamiento de Allâh, y del rechazo por parte de Éste de Su Puerta.
Muestra también el grado de esclavitud en que los tiene el alma
bestial y concupiscente. La disminución de la comida para ellos es
un signo de que los hálitos de Gracia Divina pasan sobre sus
corazones y les ayudan a olvidar las necesidades del cuerpo. De
todas formas, la práctica del hambre es en todos los estados un
medio que intercede a favor tanto del sâlik como del muhâqqiq,
ayudando a conseguir un grado más elevado en sus “estados
espirituales”, para los primeros, y en sus” secretos adquiridos”
para los segundos. Pero ha de estar bien claro para el que practica
la regla del hambre, que no ha de exagerar su duración, pues un
exceso le llevaría a la extravagancia mental, a la perdida de la
razón y a un desequilibrio orgánico.
A un sâlik,
cuyo objetivo sea alcanzar un mayor estado espiritual, no le está
permitido la practica del hambre, a no ser por mandato expreso de un
Maestro Iniciatico (sheij). Por propia iniciativa no debe hacerlo,
pero es licito (si no tiene director espiritual) reducir la cantidad
de comida, y hacer de forma regular algún tipo de ayuno, como por
ejemplo, comer una sola vez al día. Si en alguna ocasión quiere
comer grasa, que no la tome más de dos veces por semana, y esto
hasta que encuentre un Sheik. Cuando esto ocurra, lo único que ha de
hacer es poner su suerte en sus manos, y este se ocupara de su guía,
y de todo lo concerniente a sus estados espirituales.
El estado
del hambre tiene un hâl y un maqâm. En los sâlikûn, el hâl esta
caracterizado por la humildad, la sumisión, la modestia, la dulzura,
el espíritu de pobreza, la ausencia de vanidad, el porte sosegado y
la ausencia de pensamientos viles. En los muhâqqiqûn, el hâl esta
formado por la agudeza, pureza, afabilidad, retiro del mundo y
trascendencia del carácter mundano, por virtud de la Potencia Divina
y del Poder Señorial. El mâqam es el de la Sustentación universal.
Es una condición muy elevada, caracterizada por secretos
intelectuales, desvelamientos contemplativos y los estados
espirituales descritos en nuestro libro titulado ‘Mawâqi an-Nujûm’,
en el capitulo relativo al Corazón, pero esta parte solo se
encuentra en algunos ejemplares del citado libro, porque lo completé
en ese punto en Bujía, en el año 597, cuando ya habían salido
numerosas copias que no llevaban las precisiones sobre esta morada
iniciática.
Tal es la
utilidad del hambre en vista de la obtención de la energía
espiritual (himma). Lo expresado no trata del hambre ordinaria. Ésta
puede ser practicada con miras al restablecimiento y equilibrio del
organismo y para el bienestar del cuerpo, nada más.
El hambre
procura el conocimiento de Satán. Que Allâh nos proteja, y a ustedes
también, del mal de este.
La vigilia
es fruto del hambre, porque el vientre vació aleja el sueño. Hay dos
clases de vigilia: la del corazón y la del ojo. El corazón está en
estado de vigilia cuando saliendo del sueño de la indiferencia y
descuido busca las contemplaciones. La vigilia del ojo procede del
deseo de mantener la fuerza del espíritu dentro del corazón durante
“ el coloquio nocturno”, ya que cuando el ojo duerme, la actividad
del corazón cesa; pero si el corazón vela mientras el ojo duerme, es
para alcanzar la visión contemplativa en el “ centro secreto” (sirr),
mencionado anteriormente, y no por otra razón. No es conveniente
pensar en otra cosa que no sea ésta.
La
utilidad de la vigilia es la de mantener la actividad consciente del
corazón, y por este medio lograr la progresión hacia los grados
superiores guardados en Allâh el Sublime. El hâl o estado que
caracteriza la vigilia, es la conservación del momento espiritual
con Allâh, tanto para el salik como para el muhâqqiq; para este
ultimo hay en ese estado un crecimiento de los atributos Señoriales,
que no conoce el salik. El mâqam que deriva de la practica de la
vigilia, es el de la Inmutabilidad o el de la Subsistencia por Si.
De entre los iniciados, una parte piensa que es posible realizar la
Inmutabilidad como verdad personal y otros mantienen que es posible
revestirse de los Atributos.
Yo mismo
encontré a Abû Abdallah ben Junaydî que negaba la posibilidad de
revestirse de los atributos de la Inmutabilidad. En cuanto a
nosotros, somos de la opinión contraria, por el hecho de que las
verdades Esenciales nos han enseñado que el hombre Universal (al-Insân
al-Kamil), puede ser portador de todos los Nombres de la Dignidad
Divina. Si hay entre nuestros hombres algunos que no admiten este
punto, es por falta de conocimiento de lo que es el Hombre en su
verdad esencial y su constitución; pero aquel que se conoce a sí
mismo no tiene más dificultad.
La vigilia
confiere el conocimiento del alma.
Todos
estos son los pilares del Conocimiento. Éste cumple su ciclo por la
obtención de cuatro conocimientos específicos: Allâh, el Alma, el
Mundo y Satán. Cuando el hombre se aleja de las criaturas y de su
propia alma, y hace callar en él la conciencia del yo, para dejar
espacio al conocimiento del Señor, y además se desprende de sus
ataduras con la comida corporal, y se mantiene en estado de vigilia
mientras los demás están sumergidos en el sueño, entonces reúne en
él estos cuatro resultados, y su servidumbre es cambiada en señorío,
su inteligencia se convierte en facultad intuitiva, su realidad
invisible se vuelve manifiesta.
Entonces
cuando se va de su lugar, deja un “sustituto” (badal), constituido
por una sustancia sutil, con la cual se ponen en relación los
espíritus del lugar; cuando un humano de ese lugar manifiesta un
vivo deseo por la persona ausente, esa sustancia sutil toma forma
corporal delante de ellos. Se le habla y ella habla. Su interlocutor
imagina que tiene trato con el verdadero ser, cuando la realidad es
que el verdadero ser esta muy lejos de allí haciendo lo que tuviera
que hacer. Esta sustancia sutil puede también tomar forma corporal
cuando al que pertenece, concibe él mismo un intenso deseo del lugar
que ha dejado, o bien que tenga un fuerte vinculo espiritual con ese
lugar.
Cuanto
antecede puede ocurrirle también a alguien que no sea un Badal. La
diferencia estriba en que mientras el autentico Badal sabe que al
abandonar un lugar ha dejado un ‘sustituto’, el que no es Badal, lo
desconoce por completo. Esto ocurre porque este no posee plenamente
los cuatro fundamentos antes mencionados.
Tú que
aspira a los grados de los Abdal, no pienses en los esfuerzos que
ello requiere. Es en vano que los codicies. Únicamente realizando
paso a paso los estados ascéticos, serás digno de merecerlos. Haz
callar tu corazón y vete lejos, retirado de todo lo que te aparte de
tu Señor Bienamado. Vela y soporta el hambre. Así alcanzaras su
dignidad y serás como ellos, tanto si te quedas en casa como si te
vas lejos. La Casa Santa tiene sus reglas bien establecidas.
Nuestros Maestros que allí residen son los Abdal.
Entre
SILENCIO, SOLEDAD, HAMBRE, y VIGILIA se alza la cumbre del Puro
Trascendente. Nosotros pedimos a Allâh que nos conceda a ustedes y a
mí la gracia de cumplir con estas Reglas, y de acceder a los grados
de la Virtud Perfecta. Ciertamente Él es el Maestro Generoso.
Alabado sea Allâh, Señor de todos los Mundos
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