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El gran Mufti que lavaba retretes.
Nuestro gran maestro solía hablar frecuentemente sobre la búsqueda del
conocimiento, a pesar de que normalmente los sabios no suelen aceptar el
conocimiento de los awliya (santos); no aceptan nada que provenga de
fuera del conocimiento libresco, que es el que ellos manejan muy bien. ¿Por qué,
debéis preguntar, adquieren (los awliya) este conocimiento de los
libros, aunque no están necesitados de ello, debido a los manantiales de
conocimiento que hay abiertos en sus corazones? Mi gran maestro decía que la
gente de la Verdad (ahl-ul-haqiqah) utilizan este conocimiento de los
libros con el propósito de "cazar", para atraer a la gente culta al camino sufí
(de la purificación); porque saben que a no ser que muestren el conocimiento de
los libros, estos eruditos nunca los seguirán ni se someterán a ellos; pero si
exhiben y aprenden el conocimiento de los libros, estarán capacitados para
efectivamente traerlos al Camino.
Aquellos que han recibido el conocimiento divino son cazadores, y cazadores con
una milagrosa facilidad para atrapar presas, pues así, usando estos poderes,
pueden atrapar a la gente culta de incluso los más altos rangos: muftis, Grand-muftis
y sheikh ul-islam (el más alto grado de los eruditos externos), que se
encuentran tan orgullosos de sus conocimientos.
Mawlana Khalid al-Bagdadi (muerto hace ciento cincuenta años) era un gran -Gransheikh
del camino sufí, y también era un conocedor de las disciplinas de los libros.
Con la combinación de sus habilidades el "atrapó" al sheikh ul-islam de su
tiempo, que era considerado el más eminente erudito. Este maestro del Islam,
este gran sabio, dejó su posición y todos los honores que conllevaba para
someterse enteramente, y así seguir las enseñanzas de Khalid al-Bagdadi. Cuando
el gran sabio llegó a Khalid al-Bagdadi, la primera cosa que le ordenó fue la de
ir a trabajar a la gran mezquita como limpiador de retretes. "Esta, le dijo,
será tu tarea".
Los
grandes maestros ordenan a sus seguidores (murid) el realizar tales
tareas para conseguir que sus egos sean reducidos al nivel de la humildad,
porque los egos, especialmente aquellos de la gente culta, son los más
orgullosos -y el orgullo es sólo para Allah, para nadie más. Satán se volvió
orgulloso, y por este orgullo él fue arrojado a lo más bajo. El Profeta, la paz
y las bendiciones sean con él, dijo: "aquel que posea incluso la más pequeña
partícula de orgullo no podrá entrar en el paraíso." Así, puesto que el orgullo
es un atributo tan nocivo e inaceptable, la primera cosa que los grandes
maestros enseñan a sus seguidores es como esquivar su orgullo.
El
gran sabio suele ser una persona tan culta que seguramente esté muy orgulloso de
sus muchos conocimientos, y este orgullo no es bueno para él. Así, le fue
ordenado el dejar su estatus de gran sabio, y el llegar al nivel más humilde de
servicio mediante este trabajo. Todo servicio es honorable, excepto aquellas
acciones que Allah el Todopoderoso ha prohibido; así, nadie os puede decir,
"debéis estar avergonzados de este trabajo," aunque vuestro trabajo puede ser
humilde e inferior. Ahora, limpiando los retretes de una mezquita no está
prohibido de ninguna manera -no es como limpiar dependientes en un bar o un
cine. Es el retrete de un lugar sagrado, y no hay desgracia en hacerlo.
Cualquier objeción que el gran sabio hubiese puesto cuando su maestro le ordenó
hacer el trabajo, habría procedido de su ego, diciéndole: "este trabajo no es
propio de alguien de tu rango; mira la posición de honor que tenías en
comparación con la que quienes ahora ¡Limpiando retretes!" En realidad no hay
nada malo en este trabajo, pero si que está en desacuerdo con los deseos del
ego. Así, para oponerse al ego del discípulo, el gran maestro ordenó a su alumno
el hacer este trabajo, y el alumno contestó: "realizare esto como indicas, no
como mi ego dicta.".
Entonces el gran maestro empezó a limpiar retrete cada día y se volvió
completamente devoto a su servicio, dejando de lado su familia, amigos y todas
las cosas en pos del deber que su gran maestro le había ordenado realizar. Un
día un colega suyo -un hombre muy culto - vino a la gran mezquita y, viendo al
gran sabio en su nuevo trabajo, objeto, diciendo: "¿qué estás haciendo? ¿En qué
clase de lugar estás trabajando? ¿Acaso el Profeta, bendito sea, no dijo: "La
limpieza es parte del Iman (creencia)", así que,¿cómo es que puedes realiza un
trabajo tan impuro? No está bien que una persona de tu rango y estamento realice
estas tareas meniales, ensuciándose en el proceso."
La
gente de este nivel entienden la limpieza como sólo de tipo externo, la limpieza
de las ropas y el cuerpo, y nunca consideran la limpieza del corazón, que no les
parece importante. Están haciéndolo fácil para sí mismos, porque si estuviesen
empeñados en la limpieza del corazón, se tendrían que someter a un gran Maestro.
El
gran sabio contestó su crítica: "tanto como tú sabes, yo se, y más si cabe, así
que no trates de hacerme sentir avergonzado por el servicio que estoy
realizando. No te encumbres por encima de mi para juzgarme, y deja el juicio
para el Juez de Jueces; vete a meditar sobre tus propios asuntos. Cuando me
juzgas, estás tratando de ser un juez junto a Allah el Todopoderoso, y por ello,
en ese momento, un asociado. Todo tu conocimiento, si no surge de la plenitud de
la herencia del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, es inútil y vano,
un velo que evita que seas testigo de la Realidad. ¡O tu de escasas
capacidades!, yo sabía todo lo que tú sabes antes de que entrases en la
escuela.".
En
realidad, fue el gran Maestro quien mandó al visitante para probarlo -para ver
si hasta que punto permanecía firme. Por lo que le hijo este hombre, el pudo ver
que su alumno necesariamente permanecía firme y no flanqueaba. Esa noche,
mientras el gran sabio estaba en la mezquita, el gran Maestro apareció a su lado
y cogiendo por la mano, le ordenó: "cierra los ojos." Le ordenó de nuevo, "abre
los ojos." Cuando hizo lo que le fue ordenado, se encontró transportado a Meca –
por medio del poder de su gran Maestro fue de Bagdad a Meca en unos pocos
segundos; y así mientras miraba a su alrededor, se encontró en la presencia de
ciento veinticuatro mil profetas y el mismo número de santos, en la Mezquita
Sagrada de Meca, reunidos allí para ser testigos ante el Santo Profeta Muhammad,
la paz y las bendiciones sean con él, de la orden que dirigía al gran maestro
Maulana Khalid de conceder a su murid, el Mufti, la estación de la
Sinceridad, la estación en la cual el ego no puede volver a saltar, en la cual
está firmemente amarrado, y no se vuelve a caer en las trampas del ego.
Aquí es donde se reciben las llaves a los tesoros que han sido dadas por el
Señor el día de las promesas; después de que haya sido probado que se tiene
suficiente poder para cuidar y guardar sus tesoros adecuadamente. Ni Satán ni su
ego pueden engañar en esta estación, porque se está bajo la especial Protección
Divina, que guarda de los enemigos ocultos, manteniéndolos lejos; y en este
momento se llega a la Estación Celestial ante la Divina Presencia, el objetivo
en esta vida, y se ha completado el Designio Divino destinado.
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